Óliver Díaz brinda con Sabina Puértolas por la Navidad en el Teatro de la Zarzuela

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vía Codalario. 

¡Vaya un programa bonito!

Así exclamó una espectadora al final del concierto y, efectivamente, este programa de celebración navideña fue variado y entretenido con música festiva, pero no exenta, indudablemente, de dificultad y calidad musical. Un programa ecléctico en el que la zarzuela se combinaba con la opereta francesa, la vienesa e incluso la ópera. Cierto es, que pudo echarse de menos más presencia de nuestro género, pero no es menos cierto, que la zarzuela es noble y no tiene problema para ceder protagonismo a otros géneros hermanos, porque además, tiene tanta calidad como para codearse con cualquiera.

El bloque dedicado a nuestro género lírico tuvo como prólogo una bien construida obertura de Los borrachos de Giménez que dio paso a la interpretación por parte de Sabina Puértolas de La canción del Arlequín de La generala de Vives, obra de clara filiación operetesca. Impecable su buen gusto, desenvoltura y simpatía en escena, aunque se echara en falta una coloratura más brillante. Garboso y jovial el acompañamiento de Óliver Díaz y la orquesta, aún más vertiginoso en una soprendente y audaz interpretación de la Polca de El baile de Luis Alonso, rápida, vivacísima, hermanada con las vertiginosas polkas vienesas. Previamente el coro titular había hecho su presentación con su habitual solidez y dominio de este repertorio en el magnífico brindis de La pícara molinera de Pablo Luna. Puértolas volvió al escenario para cerrar el bloque dedicado a la zarzuela con el hilarante Vals de Chateaux Margaux de Manuel Fernández Caballero, obra que podrá verse a lo largo de esta temporada en el recinto de la Calle Jovellanos. La soprano navarro-aragonesa, siempre extrovertida y desenfadada, lució en la pieza su timbre de lírico-ligera, grato y bien emitido, en una interpretación bien resuelta con algún deje gazmoño que también se hizo notar en la espectacular polacca de Philine “Je suis Titania la blonde” de la ópera Mignon de Ambroise Thomas. Muy segura en el sobreagudo y bien compenetrada con Díaz y la orquesta que ofrecieron una esfervescente y colorista interpretación de la pieza. Dos fragmentos corales de Les Contes d’Hoffmann y Orphée aus Enfers representaron en el evento al Rey del Theatre des Bouffes-Parisiens, Jacques Offenbach. Puértolas puso punto final a la primera parte con su fraseo cuidado, aunque falto de un punto de variedad y su facilidad por las alturas, en el vals “Je veux vivre” de la ópera Romeo y Julieta de Charles Gounod.

En la segunda parte dedicada a la opereta vienesa tomó especial protagonismo la orquesta con el director titular de la casa a la cabeza. Óliver Díaz demostró su talento en las tan magníficas como paradigmáticas en este repertorio, oberturas de Der Zigeunerbaron (EL barón gitano) y Die Fledermaus (EL murciélago) de Johann Straus hijo, con su gesto amplio y exacto, junto a un impecable sentido del ritmo y del rubato, fundamental para cantar los valses y que estos surjan espumosos y vibrantes. El coro se lució en la “Einzugsmarchs” de la citada el El barón gitano y en la escena de las grisettes de La viuda alegrede Lehár con la que terminó el programa oficial. Previamente, Puértolas interpretó las Czardas de El murciélago con un trepidante acompañamiento en su parte final por parte de Díaz, aunque su material vocal es más propio de Adele que de Rosalinde. No podía faltar la bellísima Vilja lied de Die Lustige Witwe (La viuda alegre), que la soprano culminó con un meritorio doble filado.

El público fue entrando en calor conforme avanzaba el concierto y terminó ovacionando a los intérpretes y acompañando al final con palmas la música de Lehár. Se ofrecieron como propina dos piezas propias de estas fechas: El villancico “Adeste Fideles” con un arreglo del propio Díaz y el “White Christmas” de Inrving Berlin que inmortalizara Bing Crosby. La primera interpretada por el coro y la orquesta, sumándose en la segunda Sabina Puértolas.

 

“‘¡Vaya un programa bonito!”